Esta es mi carta para los futuros maratonianos:

Terminar un maratón es algo grandioso, al alcance de unos pocos. Tan grande que solo tú, cuando sobrepases la meta, entenderás el valor de tu logro. Desde mi experiencia como corredor de fondo, y después de 13 maratones, permítete, con esta carta, que te enseñe parte del camino hasta la meta. Hacia tu única meta: Llegar.

En el primer maratón no importa el reloj, pero a cambio tienes que sacar lo mejor de ti, tu carácter e inteligencia, la dedicación invertida, la fuerza de voluntad a flor de piel, una paciencia infinita y, sobre todo, tu capacidad de sufrimiento. Así vivirás durante 42.195 metros, y solamente cuando cruces la meta bajarás los brazos y te proclamarás como tu propio héroe: “Yo corrí un maratón”.

 

Quiero imaginar que pasa por tu cabeza; probablemente infinidad de fantasmas. Antes de la carrera todo son nervios, dudas, momentos de concentración, descanso, visualización, pero no hay que dejarse llevar por la incertidumbre. Ya está todo el trabajo realizado y has entrenado muy duro durante los meses anteriores. La familia te ha apoyado, los amigos te animan, los compañeros de trabajo saben de tus esfuerzos. El que tiene que disfrutar de la aventura eres tú, mi atleta. Y ese temor que te persigue quedará aplastado con las primeras zancadas.

Evaporados los nervios, comienza otra carrera en tu cabeza. Corre, respira el ambiente, pero sin euforia. Las alegrías y excesos los dejaremos para la llegada a la meta. Ahora piensa que los 10 primeros kilómetros son para disfrutar, con mucha calma, sin dejarse llevar por la algarabía que provoca el pistoletazo inicial. Dosifica, reserva tus fuerzas para los últimos 7 kilómetros y siente la carrera.

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Llegar al kilómetro 10 sin despeinarse no es fácil, pero si lo logras ya has ganado la primera batalla estratégica. Olvida a los corredores que ahora te sobrepasan, céntrate en mantener tu ritmo constante, en guardar tus energías. A los que te adelantan les rebasaras en los kilómetros finales. Las fuerzas malgastadas te arruinarán la llegada, las fuerzas bien guardadas en estos 10 primeros kilómetros te llevarán a la gloria final.

Superado el 10 y hasta el kilómetro 25, tienes que subir ligeramente tu ritmo. Pero es clave que sigas siendo súper conservador y, si lo has hecho bien, cuando llegues al km 25 posiblemente la fatiga aún no se haya presentado. Si anteriormente has derrochado esfuerzos te alcanzará “el Muro”. Aparecerá entre el 31 y el 34. Si ves a gente caminando, o con calambres, corredores cabizbajos, pasándolo mal, dales algo de tu aliento, con ánimos, ¡VAMOSSSS! Y cuando te quieres dar cuenta llegas al km 35 y solo te quedan 7 kms. Este punto mítico rompe barreras, y si todo ha ido bien, esas fuerzas guardadas te harán sentir mejor que en el 34.

Es el maratón en su máxima expresión. Bienvenido a una nueva forma de vida. Sentirás una mezcla de rabia, euforia, dolor, fatiga, cansancio, sentimiento puro con las emociones al límite. Es ahora donde por primera vez deberías empezar a pensar en el km 42. Ahora no hay que correr con las piernas, ni con la cabeza, ni con el corazón, hay que correr con el alma. Lo que vas a experimentar una vez que pases la meta y durante las dos horas siguientes será fantástico, algo que no le podrás describir a nadie. Eso te marcará y te hará correr otro maratón.

No me cabe duda de que a partir del próximo domingo, tras el maratón , voy a tener otro amigo maratoniano.

Recuerda que eres muy grande y esta experiencia no la olvidaras jamás.

 

Por Juan Carlos Arjona y mi gran amigo Fermin Caballero Bojart @FerminCBlol

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