Corro, Corro y No Adelgazo, ¿Por Qué?

Hay quien corre para estar fuerte, para mantenerse saludable, o por otros motivos sociales; sin embargo, existe una larga lista de runners cuyo propósito principal es adelgazar. Aun así, siempre está uno que otro runner que, a pesar de correr y correr (o moverse con constancia) incluso 5-6 veces a la semana, no logra ni siquiera perder un solo gramo de masa grasa. ¿Por qué?

Primero de todo, hace falta entender que la grasa corporal desde el punto de vista evolutivo y de nuestro organismo, es todo menos una desgracia. Ha permitido la supervivencia de la especie humana a las tantas carencias vividas en los últimos milenios.

La grasa es evolutivamente considerada “material de rescate” y, para perderla, es necesario dar a nuestro cuerpo buenos motivos, sólidos y convincentes. De allí que, el movimiento físico regular y frecuente sea uno de los estímulos más eficaces, pero como veremos puede no ser suficiente.

Cálculo de las Calorías

Un runner aficionado que corra 10 km como parte de su entrenamiento funcional cotidiano consumiendo alrededor de 700 kcal, deberá agregar la misma cantidad a su menú diario. Si agrega el doble, es natural suponer que su peso corporal no se reduzca.

Sin embargo, el enfoque que se limita al cálculo de las calorías no es determinante, y es sabido que una privación calórica excesiva en los deportistas puede conllevar a resultados contrarios a los esperados. De hecho, para lograr una masa magra hace falta el alimento.

Por ende, se debe estar atento a las excesivas reducciones calóricas, teniendo presente que son otras las señales a considerar para la pérdida de grasa:

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  • La activación completa del metabolismo. Para lo cual se requiere comer, pero de un cierto modo para que esto suceda (pequeñas porciones cada tres o cuatro horas).
  • El control de los efectos negativos del pico de insulina y la reducción del impacto glicémico.
  • La calidad de los alimentos ingeridos.

En ausencia de una acción coordinada en cuanto a estos tres importantes “reguladores del equilibrio adiposo”, el movimiento físico en sí no podrá tener una completa efectividad.

El Primer Obstáculo Proviene de la Condición Genética

Si bien es cierto que para adelgazar es necesario estimular el metabolismo a través de la puesta en práctica de los siguientes principios:

  • Desayunos saludables.
  • Combinación correcta de carbohidratos y proteínas en cada comida.
  • Prevalencia de alimentos integrales y de bajo índice glucémico.

También es cierto que ciertas condiciones particulares pueden obstaculizar el aumento del metabolismo favorecido por una correcta alimentación y actividad física. El primer obstáculo depende indudablemente de la condición genética de cada persona.

Después de excluir la presencia de un desequilibrio de la tiroides, se deben considerar entonces los aspectos médicos que puedan crear un obstáculo para la perdida de grasa:

  • La presencia de reactividad de alimentos (intolerancia a ciertos alimentos).
  • La carencia de algunos minerales indispensables para el correcto funcionamiento de la insulina.

Mismas Calorías, Efectos Diversos

Nos encontramos en una encrucijada muy difícil: si comemos poco, en lugar de adelgazar perdemos músculo y ralentizamos nuestro metabolismo. Pero si comemos lo debido, no adelgazamos ni medio kilo. ¿Por Qué?

La respuesta está en lo siguiente:

  1. Las calorías consumidas en la mañana (cuando prevalecen las hormonas catabólicas) o en la noche (cuando dominan las hormonas anabólicas) no tienen el mismo efecto.
  2. A igualdad de calorías, consumir carbohidratos de absorción rápida (bebidas gaseosas, helados, café azucarados, harinas refinadas, dulces, chocolates) no es igual que hacerlo bajo la forma de carbohidratos complejos (harinas y cereales integrales, frutas y verduras), porque la respuesta insulinica es diferente, y, por tanto, también lo es el acumular grasas.
  3. Un igual número de calorías vacías (azúcar y harina refinada, grasas hidrogenadas, aceites refinados) no impacta de igual manera con respecto al consumo de alimentos sanos, aunque calóricos, como la mantequilla, las nueces, el pan integral, el queso, la carne, el pescado, los huevos.

A la final de la jornada, las calorías vacías nos dejarán siempre con “hambre” de vitaminas y minerales, que deberemos saciar con otra comida.

  1. Las proteínas (en la justa cantidad sugerida del 15-20%) tienen un efecto termogénico en nuestro metabolismo y, estimulan la secreción pancreática de glucagón, la hormona antagónica de la insulina.

Todo esto debería hacernos reflexionar en el hecho de que la acumulación de tejido adiposo y el adelgazar dependen solo en mínima parte del consumo calórico.

La clave para reducir la adiposidad es una sana activación del metabolismo basal, acompañada de una regular (y también moderada) actividad deportiva.