Entrenar la Capacidad y la Potencia Lipídica

 Antes de hablar en manera específica de un tema muy interesante que te hará entender mejor por qué muchos corredores encuentran el “muro del maratón” después de los 30 km, quisiera darte a conocer dos términos que se usan en la metodología de entrenamiento, y que a veces se presta para confusión: Capacidad y la Potencia Lipídica.

 El término “capacidad” es utilizado cuando estamos hablando de sistemas energéticos, que hace referencia evidenciando su presencia desde el punto de vista meramente cuantitativo, es decir, el máximo suministro de energía que es cedida por dicho sistema.

Mientras que el término “potencia”, cuando la energía suministrada es considerada desde el punto de vista cualitativo, considera la cantidad de energía útil que es posible suministrar en el tiempo. Por ejemplo, el sistema energético del fosfágeno utilizado en las competencias breves (en la pista de los 100 metros) es muy potente, pero no tiene una óptima capacidad (duración) sino de cantidad de energía provista.

Mientras que el sistema de la fosforilación oxidativa ideal para correr la maratón tiene una buena capacidad, pero escasa potencia. Así pues, una vez que hemos aclarado esta explicación terminológica, podemos tratar a profundidad un concepto muy interesante y complejo que permite entender mejor cómo entrenarse para la maratón y cómo manejar en la mejor forma posible las cantidades de energía disponibles y obtener un eficiente rendimiento deportivo final.

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La Potencia Lipídica

La potencia lipídica asume un rol fundamental en la preparación para una maratón, y para todos los deportes de rendimiento. Ésta es definida como el máximo consumo de las grasas por unidad de tiempo. Prácticamente, representa el máximo porcentaje de lípidos que pueden ser utilizados durante el esfuerzo muscular.

Por tal motivo, se entiende perfectamente cómo una preparación atlética con miras hacia una maratón no pueda ignorar el mejoramiento de la potencia lipídica. Pero esto no es todo, hace falta también tener presente que un desarrollo grande de glucólisis anaeróbica (por ejemplo, incluir medios de entrenamiento a intervalos intensos o repeticiones durante diversas distancias) ocurre a expensas del mejoramiento y desarrollo de la fosforilación oxidativa (mejoramiento de la potencia lipídica).

Todo esto sucede ya que cada entrenamiento conlleva a un desarrollo y utilización de determinadas fibras musculares (fibras lentas rojas para los entrenamientos aeróbicos de larga duración), y fibras veloces blancas para los entrenamientos breves e intensos), los cuales condicionan el rendimiento.

Por tanto, si nos estamos preparando para una maratón es preferible prestar mucha atención al desarrollo de una tipología (de uno u otro) referido a las fibras musculares. Hay que tener presente que el sistema energético indispensable para correr una maratón saca ventajas, como energía, a partir de los carbohidratos, lípidos y, proteínas. La elección de uno de estos varia seguramente en base a la capacidad y la potencia del sistema en sí, y, por ende, de la intensidad y la duración del esfuerzo.

La Potencia de los Carbohidratos

Sabemos bien que los carbohidratos tienen una potencia mayor que los lípidos, sin embargo, la capacidad de prolongar el ejercicio es definitivamente a favor de los lípidos. Así que, en la preparación atlética no se debe hacer otra cosa que modificar la contribución que proviene de parte de los carbohidratos y los lípidos, favoreciendo la utilización de estos últimos cuando se habla de maratones, o ultra-maratones.

Además de este concepto de rendimiento energético de los lípidos en comparación con los carbohidratos, a medida que el esfuerzo se prolongue en el tiempo, se necesita también tomar en cuenta otro aspecto fundamental, es decir que la utilización de los lípidos con fines energéticos (como sustrato de energía) es muy diferente a desarrollar y mejorar la potencia lipídica.